Texto que figura en la contratapa de "La otra Mitad" escrito por el poeta Horacio Salas

He visto nacer este libro desde las primeras líneas, los primeros párrafos, cuando todavía era un material informe, como lo son siempre los libros en sus comienzos, en esos días, semanas, meses en los que un texto comienza a tomar, poco a poco, rasgos reconocibles. Creo que por entonces ni siquiera el propio autor llegaba a intuir los rumbos que habría de adquirir su historia, cuyo final, cuando ya los personajes estaban bien delineados, me sorprendió, como, estoy seguro, sorprenderá a los lectores.

Aunque tiene otras inéditas y continúa trabajando en una excelente narración ubicada en los comienzos del siglo diecinueve, Leonardo Valle, trabajador tenaz de la literatura, publica su primera novela, aparentemente policial, donde el paisaje porteño es un permanente telón de fondo y los personajes resultan conocidos, creíbles. Pero al mismo tiempo su creador logra meterse en los vericuetos psicológicos del protagonista, sin dejar de lado el suspenso imprescindible en las creaciones del género, sin atenerse a esquematismos teóricos, ni someterse a las reglas establecidas por la narrativa policial inglesa a comienzos del siglo veinte. Más cerca de los creadores norteamericanos de la novela negra, Valle se divierte al distorsionar la historia, como si quebrara un espejo en múltiples fragmentos; sin embargo, cada cabo suelto logra atarse en los párrafos finales, como lo exige la tradición policíaca. Una suerte de rompecabezas que sólo completa la imagen con la colocación de la última pieza. De todas maneras cualquier encuadramiento de género sería una injusticia, una arbitrariedad. Se trata simplemente de un libro que, lo más importante, merece ser leído.

HORACIO SALAS